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jueves, 16 de septiembre de 2010

Si no es milagro, le pasa raspando: Luchi ya está en su casa



Y después dicen que los milagros no existen… Pero si éste no es un "milagro, milagro", de esos que cumplen con todas las de la ley, realmente le pasa raspando. Y sea lo que sea, o como sea, a Luisana y a sus papás poco les importa. Porque para Luisana, una hermosa beba de casi 6 meses y 2,480 kilogramos de peso, estar en su propia casa, después de meses de luchar por su vida, "es algo increíble. Esa es la palabra, no lo podemos creer", dice Belén, su mamá, dudando hasta del significado real de sus propias palabras.
"Es indescriptible, nada que te pueda decir se podría parecer a lo que sentimos al tenerla acá con nosotros", continúa, sin poder hacer calzar ninguna frase con todo eso que siente. Pero desde afuera, podemos "verlo": una mamá y un papá con el corazón 'muy lleno', repleto de esperanzas y satisfacción.

Nació chiquitísima

Y no es para menos. Para quienes no pudieron conocer la historia de esta bebita, tan diminuta al nacer, pero tan fuerte y valerosa, se llama Luisana Xiomara.
Nació mucho antes de tiempo en el sanatorio Juan XXIII de Roca, cuando nadie lo esperaba: tuvieron que sacarla de la panza de su mamá –a causa de las consecuencias de una infección urinaria– cuando ésta llevaba apenas unos 4 meses de embarazo y pesaba unos escasísimos 480 gramos de peso.
"Nunca nos dieron esperanzas… Los médicos nos decían cómo eran las cosas realmente para que después no tuviéramos sorpresas y era muy duro, fueron meses y meses de estar internados todos juntos, con ella. Pero bueno, yo siempre creí que Luchi podía salir adelante y tuvo que pasar por muchas cosas pero ahora está acá en casa", dice Belén, hamacándola suavemente para que duerma. Fueron meses "duros", cuenta, con días y días repletos de altibajos.
Luisana sufrió muchas crisis y las superó. Hasta tuvo que enfrentar una operación difícil y riesgosa para poder salvar "sus ojitos". Le detectaron una "retinopatía y ahí mismo en Neo (donde estaba internada) le hicieron una operación con láser. Por suerte los controles le vienen dando bien así que qué más podemos pedir", sonríe Belén, junto a su marido Ricardo, mientras muestra una primorosa carpeta llena de fotos desde el primer día que nació la beba. Su primer gorrito, su primer zoquete.
"Era muy difícil para mí, porque al principio no la podía tocar, alzar ni nada. Y la primera vez que la alcé estaba llena de cables, pero bueno, ahora está conmigo y se porta bien. Nada más me importa". "Luchi", como todos la llaman, duerme la mayor parte del día, come "de más" y ya no se pierde entre la ropita y los pañales como antes.
"Nos recorríamos todo para encontrarle ropita, pero al principio todo le quedaba grande. Los pañales de recién nacido se los cortaban por la mitad pero igual le quedaban inmensos", recuerda Belén y sonríe. Está tranquila y plácida, satisfecha. Igual que la pequeñita que duerme ahora, cálida, en sus brazos.

La historia de Luisana (Ver Más)

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